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Saberes sobre Inia geoffrensis


Ernesto nos habla esta vez de Inia geoffrensis la tonina que vive en los grandes ríos suramericanos con sus afluentes  en el Llano y Amazonas de la Cuenca del Orinoco de Venezuela y Colombia, donde la conocemos como “tonina del Orinoco”,

 

 

 

 Saberes sobre Inia geoffrensis (Blainville 1817), Tonina del Orinoco, Boto y Bufeo colorado de Amazonas.  Ernesto O. Boede, Fundación para El Desarrollo de las Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales-FUDECI
 La distribución de Inia geoffrensis abarca en Suramérica a los grandes ríos con sus afluentes  en el Llano y Amazonas de la Cuenca del Orinoco de Venezuela y Colombia, donde la conocemos como “tonina del Orinoco”, también se encuentra en la Amazonía brasileña donde la denominan “boto”, en Ecuador y Perú “bufeo colorado (rosado y gris)” e internacionalmente como “delfín rosado o delfín del Río Amazonas y del Orinoco” (Best & Da Silva, 1989, 1993; Linares, 1998;  Romero et al., 2001; Trujillo et al., 2010, 2011). Existen dos especies diferentes, como sugieren las investigaciones de estudios moleculares, genéticos y morfométricos, Inia boliviensis de Bolivia, en los Ríos Guaporé, Mamoré y Beni de la Cuenca del Río Madeira, el cual es afluente del Río Amazonas. La otra es Inia geoffrensis de Brasil, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. El Río Orinoco se comunica con el Río Amazonas por medio del Caño Casiquiare, que desemboca en el Río Negro y este a su vez en el Amazonas. Esa comunicación fluvial permitió en el transcurso del tiempo el intercambio genético entre los botos y bufeos amazónicos y las toninas orinoquenses. En cambio el bufeo boliviano, quedó prácticamente aislado de la población amazónica, por los raudales en el Alto Madeira, barrera geológica que resultó ser infranqueable para esta sub especie (Aliaga-Rossel et al., 2006; Ruiz-García et al. 2008, Trujillo et al., 2010).

Biología y costumbres

     El nombre científico de Inia proviene de la denominación que le daban los aborígenes amazónicos guaraníes a los delfines, en cambio geoffrensis fue nombrado por Geoffrey St. Hilaire, el cual capturó un boto y lo transportó a Portugal como regalo para Napoleón Bonaparte (Montgomery, 2000). El nombre común y criollo para nosotros de tonina viene de la palabra castellana “toñina”, que era como los navegantes españoles denominaban a los grandes atunes y a los delfines marinos, creyendo erróneamente que estos entraban del Océano Atlántico al Río Orinoco. El nombre indígena en Venezuela era de “orinoconas” (Röhl, 1956).

     La tonina es longeva, puede alcanzar en estado silvestre los 40 años de edad. En cautiverio en el Zoo Duisburg, Alemania, un macho alcanzó la edad aproximada de 42 años y en el Aquarium de Valencia, Venezuela, una hembra tiene actualmente alrededor de 38 años de edad, para la fecha de publicación de este artículo septiembre 2013, (Schulz & Edler com. per.; Boede datos sin publicar). Es un cetáceo que no vive en grupos familiares como los delfines marinos, ya que los machos adultos viven el mayor tiempo en solitario, juntándose únicamente con las hembras en la época de apareamiento, aunque existen hipótesis que los apareamientos y nacimientos  pueden ocurrir también en cualquier época del año (Martin & Da Silva, 2004; McGuire & Aliaga-Rossel, 2007). En este período se pueden observar a más de un macho peleándose con otros por copular con las hembras en celo. Estas últimas pueden comenzar a reproducirse cuando llegan a la madurez sexual, a los siete años, los machos la alcanzan un poco más tarde a los nueve años aproximadamente. El intervalo entre partos es de alrededor de tres a cinco años, en toninas más viejas hasta de seis a ocho años. Las crías mayores pueden permanecer con el grupo materno hasta los siete años. La gestación dura alrededor de 11 meses, pariendo una sola cría, de un tamaño promedio de 75 cm., siete kg. de peso y de un color gris oscuro, la lactancia puede durar hasta el año, año y medio (Best & Da Silva, 1984, 1989; Da Silva et al., 2007; Trujillo et al., 2011).

      Se pueden observar en los ríos en la mayoría de los casos, grupos de dos a seis toninas, que serían las hembras con sus crías lactantes y juveniles destetados de años anteriores. Las investigaciones siguen, pero lo que se conoce hoy día, es que su ciclo reproductivo es estacional, ocurriendo los partos a finales de la época de lluvia, pero según investigaciones recientes, también a comienzos y durante la época de sequía, cuando las aguas en los ríos y caños están bajando y luego están en sus niveles más bajos del año. Lo que quiere decir, que la reproducción ocurre en la época del año cuando existe mayor oferta de alimento, por la alta concentración de peces durante la bajada de aguas de las sabanas y bosques inundados. Esta restricción en los movimientos de los cardúmenes de peces, facilita a las toninas recién paridas comer en abundancia garantizando una adecuada lactancia a la cría (Martin & Da Silva, 2004; McGuire & Aliaga-Rossel, 2007, Wilson-White, 2002). Las toninas parturientas buscan aguas llanas, someras y remansos con poca corriente (Best & Da Silva, 1993; Trujillo et al., 2011). En Venezuela los sitios propicios para los nacimientos, son los caños que atraviesan las sabanas y las comunican con los grandes ríos. Allí cuentan con bosques de galería y árboles caídos dentro del agua, formando las conocidas “caramas” con vegetación aledaña semisumergida, en donde las toninas paren con tranquilidad y se refugian con sus crías recién nacidas. Tenazmente defienden a sus cachorros de intrusos, pegando fuertes coletazos sobre la superficie del agua cuando se acerca una embarcación. En este época de nacimientos incluso se aproximan a los bongos que se les acercan, salpicando con sus fuertes aletas caudales a los navegantes, tratando de ahuyentar a los intrusos, sobre todo al motorista, que va atrás en la embarcación. En el pasado, en Colombia y Venezuela, al enemigo que tenían que combatir en la época de nacimientos eran los grandes caimanes o cocodrilos del Orinoco Crocodylus intermedius, peligro hoy día prácticamente inexistente en la mayoría de los ríos, ya que fue casi extinguido (Arteaga, 2008). De un enemigo si tienen que cuidar actualmente a sus crías, de los caribes o pirañas Serrasalmus spp.. Revisando la literatura antigua Humboldt (1959), cuando las toninas tenían que compartir su hábitat con los otrora abundantes caimanes del Orinoco, tenemos por ejemplo los relatos de Alexander von Humboldt, de su viaje en 1.800 del Rio Apure al Orinoco y al Caño Casiquiare: “Restablecióse la calma y el silencio, y al momento se agitaron en la superficie del agua numerosos grandes cetáceos de la familia de los sopladores, semejantes a los delfines de nuestros mares y que los Españoles llaman toñina. El cachazudo y perezoso caimán parecía temer la presencia de aquellos seres turbulentos, y le veíamos sumergirse cuando se acercaban a él.” 

     Durante la época de sequía las toninas están restringidas a los canales principales de los ríos, caños y lagunas profundas. En esta época se pueden observar con mayor facilidad en las desembocaduras de los ríos y caños en donde les es más fácil capturar los peces. En la época de lluvia los peces migran hacia las sabanas inundadas para reproducirse, las tradicionales “ribazones o subiendas”, buscando también alimentarse en los bosques ribereños y palmares inundados (Trujillo et al., 2011, Wilson-White, 2002). Las toninas siguiendo los cardúmenes de peces, entran también a estas zonas inundadas, encontrándoseles muchas veces nadando entre los árboles, arbustos y palmeras. Se les puede observar cuando salen a respirar, dejando escuchar su característico resoplido, asomando por cortos instantes la cabeza con su melón en la frente y el lomo con su pequeña aleta dorsal, antes de desaparecer de nuevo en las turbias aguas. Interesante es también citar las observaciones que hizo Humboldt (1959) de esta curiosa conducta para un delfín de aguas continentales: “En lo más espeso del bosque oímos de repente un ruido singular, y armamos nuestras carabinas, cuando apareció una manada de estos cetáceos, de cuatro pies de largo, que rodearon nuestra embarcación. Aquellos animales estaban ocultos debajo de la rama de un árbol; atravesaban el bosque acuático, y lanzaban al aire los chorros de agua que les han valido en todas las lenguas el nombre de sopladores. Extraño espectáculo ofrecían todos aquellos cetáceos en medio de las tierras, a 300 o 400 millas de la desembocadura del Orinoco y del río Amazonas.” (Röhl, 1956).El científico alemán había observado y registrado para la ciencia, la singular conducta de una especie de delfín de río, de merodear en los bosques de tierras inundadas tan lejanas del Océano Atlántico, como son las tierras del Orinoco Medio, del Río Atabapo y del Caño Casiquiare, ubicadas no muy lejos del centro del continente Suramericano.  

     Se alimentan básicamente de peces pero también de pequeñas tortugas y crustáceos (Best & Da Silva, 1993; Trujillo et al., 2011). En plena época de sequía venezolana, diciembre-abril, se pueden encontrar en el Bajo Apure y en el estado Barinas, toninas con sus cachorros, en los meandros y lagunas de los antiguos cauces de los ríos, conocidos como “madres viejas”, de los Ríos Apure, Arauca, Guanare, Suripá y Portuguesa, inclusive tan al norte como en el Río Cojedes. También encontramos toninas en los Ríos Capanaparo, Cinaruco y Meta. En el estado Guárico en el Río Aguaro, en el estado Bolívar en los Ríos Caura y en el Bajo Caroní, en su desembocadura con el Orinoco, también en la parte baja de los Ríos Cuchivero, Soapure y Parguaza, en el Delta del Orinoco en el ramal del Río Grande cerca de Sacupana y otros caños del delta. En el Orinoco Medio en el estado Amazonas, las encontramos por encima de los Raudales de Atures y Maipures en los Ríos Ventuari, Sipapo, Autana, Caño Casiquiare, y tanto más arriba aún en la época de lluvias, en el Alto Orinoco, en los Ríos afluentes, el Cunucunuma, Ocamo, Mavaca y hasta los Raudales de Guajaribos. Hacia la vertiente oeste las encontramos también en los Ríos Vichada y Guaviare entre otros, afluentes colombianos del Orinoco respectivamente (Best & Da Silva, 1989, 1993; Bolaños et al., 2008; Bolaños & Boede datos sin publicar; Linares, 1998, Meade & Koehnken, 1991; Pilleri & Pilleri, 1982; Romero et al., 2001; Trujillo et al., 2010; Wilson-White, 2002).

¿De dónde vino Inia, como apareció en medio de las tierras del continente suramericano, como evolucionó en el transcurso del tiempo, por qué es tan diferente a los otros delfines, como es? 

     Los machos llegan a medir 2,50 m. y pesar 170 kg., con una coloración gris clara y rosada, mientras más viejos más claros y rosados son, de allí el nombre que se le da también de delfín rosado. Se cree que una de las razones de su coloración es la gran cantidad de cicatrices que presentan los machos, originadas en las peleas por las hembras. Otra hipótesis es por el consumo de caroteno o provitamina A, que adquieren de los crustáceos y peces de los cuales se alimentan. Las hembras un poco más pequeñas pueden llegar a medir 2,20 m. y pesar 140 kg., presentando una coloración más grisácea en la cabeza, dorso, rosada hacia los flancos y el abdomen. Las crías, los juveniles y sub adultos son completamente grises, los primeros mucho más oscuros que los dos últimos. La cabeza, en su parte frontal, tiene una pronunciada protuberancia denominada melón, la cual funge como antena parabólica cuando emiten y reciben las ondas acústicas, con las cuales se comunican y orientan por ecolocación en las turbias y oscuras aguas. El hocico es alargado y cilíndrico con sendas hileras de pequeños y puntiagudos dientes, los ojos son muy pequeños, lo que ha hecho pensar a los científicos que eran delfines casi ciegos, pero se demostró que ven muy bien. La aleta dorsal es alargada y escasamente desarrollada, las aletas pectorales son grandes, largas y anchas en su base, con cinco falanges óseas parecidas a las de la mano humana, el cuerpo termina con una ancha y fuerte aleta caudal. A diferencia de los delfines marinos, su cuello y cuerpo son muy flexibles permitiéndole cazar y pescar entre la vegetación de tierras inundadas. Generalmente sus movimientos son tranquilos y pausados y no tienen la agilidad para hacer los grandes saltos de los delfines marinos, siendo muy diferentes a estos (Best & Da Silva, 1989, 1993; Linares, 1998; Montgomery, 2000; Trujillo et al. 2011).

     El ancestro de los cetáceos, los delfines, marsopas y ballenas se originó después de la desaparición de los dinosaurios hace 50 millones de años. Era un carnívoro terrestre con pezuñas, el Pakicetus, fue invadiendo el medio acuático de los antiguos océanos dando origen a los cetáceos, muy relacionados estos con los artiodáctilos como los hipopótamos y cerdos. 

El ancestro fue desarrollando los miembros delanteros como aletas pectorales, atrofiándoseles las patas traseras para desarrollar en cambio una aleta caudal al final de la columna vertebral. El hocico se le fue alargando facilitando la captura de peces, las fosas nasales, el espiráculo, se ubicó dorsalmente más hacia atrás. Evolución y cambio anatómico apropiado para vivir en el agua (Montgomery, 2000). 

 Inia posee una especializada adaptación a las aguas continentales y se diferencia mucho de otras especies de delfínes, inclusive una que también convive con ella en el Río Amazonas el pequeño tucuxi Sotalia fluviatilis, y en el Orinoco el otro, el delfín de rio Sotalia guianensis (Bolaños et al., 2008; Linares 1998; Trujillo et al., 2011).

El linaje de Inia vino del Océano Atlántico, cuando su ancestro entraba hace 15-12 millones de años a un gran lago interior de Suramérica, originado por los altos niveles del mar que inundaron las tierras bajas de la Amazonía. La formación de las altas montañas andinas formó un inmenso lago continental que incluía a la Orinoquía y Amazonía, creando las condiciones para el aislamiento y evolución de Inia. La separación entre las poblaciones de Inia dando origen a las dos especies I. boliviensis e I. geoffrensis, fue la formación de los Raudales del Madeira-Mamoré, una barrera geológica infranqueable para estos cetáceos. Después hace aproximadamente 2,5 millones de años, subieron los niveles del mar inundando aún más el lago interior. Fue cuando entró a la Amazonía la otra especie de delfín de río la Sotalia fluviatilis con su cuerpo más parecido a los delfines marinos, pero con menos tiempo de adaptación a la vida fluvial que Inia (Trujillo et al. 2011).

 

Peligros y amenazas    

     Las alteraciones de su hábitat, ya sea por el tráfico fluvial intenso o lanchas a motor de alto caballaje, la deforestación de los bosques en los estados Bolívar y Amazonas venezolanos por la minería del oro, la destrucción de la vegetación de las sabanas inundables y/o la deforestación de los bosques ribereños con fines agrarios, produce una merma en la oferta alimenticia de la población piscícola y fuente principal de alimento para las toninas. La sobrepesca acaba también con la oferta alimenticia para ellas, y además los grandes chinchorros o redes de la pesca artesanales, en los cuales se enmallan algunas toninas que mueren ahogadas. La construcción en los caños de los llanos inundables, de tapas, pequeños diques y/o compuertas con fines agropecuarios, impiden la libre circulación de las toninas hacia los ríos, pudiendo quedar varadas luego en la época de sequía. Pero sobre todo las grandes represas hidroeléctricas que fragmentan el hábitat impidiendo el flujo e intercambio genético, ocasionando problemas de endogamia o consanguinidad y la desaparición a largo plazo de esa población local aislada, problema latente sobre todo en la Amazonía brasileña. Otra amenaza es la contaminación de los ríos, por aguas cloacales de las ciudades y pueblos, aguas tratadas deficientemente de la industria petrolera y metalúrgica (Puerto Ordaz, Bolívar), metales pesados como el mercurio proveniente de las actividades mineras legales e ilegales, los insecticidas y otros químicos de alta toxicidad provenientes de los fertilizantes y fumigaciones en los cultivos de arroz, maíz y algodón, sembrados en las vegas de los ríos y zonas de sabanas inundables de los ríos Apure, Meta y Orinoco (Bolaños et al., 2008; Carantoña, 1999; Linares, 1998, Trujillo et al., 2010, 2011).

     De las toninas muertas accidentalmente por enmallamiento en las redes de pesca, no se desperdician sus órganos como los ojos, piel, pene y dientes que son utilizados como fetiches, sobre todo la grasa para usos medicinales, y que son vendidos en Puerto Ayacucho en el Mercado Indígena. En el Amazonas peruano estos productos también son ofrecidos abiertamente en los mercados de la ciudad de Iquitos y en la Amazonía brasileña en los mercados de Belém do Pará y en Manaus. Según datos de la Fundación Omacha, en algunas partes del Río Amazonas se están cazando los botos para ser utilizados como carnada para la pesca del bagre zamurito Calophysus macropterus, ellos han registrado muertes por esta causa de 1.600 botos/año en Brasil. Lamentablemente en Venezuela también está aumentando en los últimos tiempos la cacería de toninas con arpones en el Orinoco medio, para después de haber sido descuartizadas, utilizar su carne como carnada para la pesca del bagre, conocido por estos lares como mapurite C. macropterus, muy cotizado en la hermana República de Colombia (Souza Diniz, 2011; Trujillo et al., 2010, 2011) . 

     Referente a los peligros relacionados con el tráfico fluvial intenso, y el riesgo de atropellamientos de toninas por embarcaciones deportivas, sobre todo por las hélices de sus potentes motores fuera de borda. Una actividad motonáutica venezolana, el Rally de Velocidad “Nuestros Ríos son Navegables”, tomó auge hace ya muchos años en los ríos con poblaciones de toninas, como son el Cojedes, Portuguesa, Apure, Cunaviche, Payara, Arauca, Meta, Capanaparo, Caroní, Parguaza, Caura y Orinoco. En este rally, participan en cada mes de agosto, en la época de lluvia, más de 120 lanchas rápidas, muchas de ellas con uno o dos motores fuera de borda de hasta de 250 HP. No es conveniente, sobre todo en los ríos más angostos y menos profundos y afluentes del Orinoco y del Apure, permitir esta actividad deportiva y la navegación de este tipo de potentes y veloces lanchas. El riesgo y peligro que corren estos cetáceos, más otros animales también amenazados, como caimanes del Orinoco (Río Capanaparo) y manatíes Trichechus manatus, de ser golpeados mortalmente, por alguna de estas lanchas que circulan a altas velocidades en los ríos llaneros, es alto.

     También los crecientes peligros eminentes por poblaciones humanas, ya que en las zonas rurales existen crisis sociales y económicas, que facilitan y estimulan la cacería ilegal y el tráfico de productos de la fauna silvestre incluyendo a las toninas. En el futuro también se van a intensificar los conflictos y por ende los problemas entre la pesca artesanal fluvial y las toninas, originado por el incremento de la población humana en los llanos y en el Amazonas (Montgomery, 2000, Trujillo et al., 2010).

     A largo plazo habrá que considerar también los efectos del calentamiento global (Trujillo et al., 2010). Problemas potenciales que predicen, por medio de la simulación de datos computarizados en su publicación, el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales (MARN), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarollo (PNUD) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) (2005), en los próximos 50 años podremos ver los efectos y consecuencias del calentamiento global. Las predicciones para la Amazonía y los llanos de la cuenca del Río Orinoco, serán épocas más secas con menos pluviosidad. En otras palabras, el Llano venezolano, el colombiano y parte de los estados Amazonas y Bolívar en Venezuela, sufrirán probablemente épocas de sequía más prolongadas. Esto traerá como secuelas una disminución de agua en los cauces de los ríos, caños, lagunas y una merma de las inundaciones periódicas en los llanos inundables, siendo un factor que incidirá negativamente sobre el hábitat de las toninas y sobre todo también, en la seguridad nacional y calidad de vida de nosotros mismos.   

 

 

Conservación, folklore y leyendas      

     Inia goeffrensis no es una especie catalogada en peligro de extinción, pero si clasificada por la Unión internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el Libro Rojo de la Fauna Venezolana, como “Vulnerable”, En Venezuela se encuentra “En Veda” según Decreto Presidencia 1.485 (Bolaños et al. 2008; Gaceta Oficial Nº 36.059 1996). Según-May Collado & Agnarsson (2011), sugieren que hay una necesidad urgente, a nivel mundial, de datos básicos sobre mamíferos acuáticos amenazados, y especial interés en aquellos de agua dulce. Según estos autores, hay todavía para Inia geoffrensis deficiencia de datos, y por lo tanto el estatus poblacional real, catalogado por la UICN, es desconocido actualmente.

     Inia tiene una ventaja poblacional y es que se encuentra ampliamente distribuida en varios países suramericanos, en donde se cuenta todavía con vastas zonas naturales poco intervenidas por las actividades humanas (Trujillo, 2010). En cambio en Venezuela sobre todo en los ríos Cojedes, Portuguesa, Apure, Arauca, Caura y Caroní son ambientes considerados como amenazados por los peligros anteriormente descritos. Pero últimamente también en el Orinoco Medio, en el tramo del río entre Puerto Ayacucho y Puerto Páez, realizan la cacería de toninas con arpón para utilizarlas como carnada.

     A pesar de los problemas y peligros existentes y potenciales, también es cierto que la tonina es un animal respetado sobre todo por el llanero venezolano. Los pescadores más viejos, opinan que las toninas son enamoradizas y hay que tenerles respeto, salen de noche en los pueblos transformándose en esbeltos galanes a enamorar a las bellas mujeres y si se descuidan se las llevan al río, las ahogan y se transforman en preciosas toninas. También cuando alguna persona se está ahogando en un río, muchas veces las toninas la ayudan y la salvan empujándola hacia la orilla. En la región del Río Amazonas, por ejemplo, existe la creencia de una ciudad dentro del río llamada “El Encanto”, los botos son los habitantes de esta ciudad sumergida en el gran río, que salen de noche sobre todo cuando hay fiestas en los pueblos, a robarse a las mujeres. Para los indígenas en cambio, los botos y toninas son parte del legado histórico. Los chamanes le dan poderes sobrenaturales, asegurando que les ayudan a curar a los enfermos, y según Röhl (1956), Humboldt contaba que los indígenas venezolanos las denominaban “orinoconas” en otras palabras, las féminas del Orinoco. Por estas leyendas, son consideradas animales místicos y considerados todavía hoy día con cierto respeto (Montgomery, 2000). No se puede negar que estas creencias y leyendas han ayudado en algo a protegerlas de la cacería despiadada que sufren en cambio otros animales de los ríos, como por ejemplo el manatí, muy cotizado por su carne y en “Peligro Crítico” (Ojasti y Lacabana, 2008).

     Básico y prioritario para la conservación de Inia, es la no destrucción del hábitat acuático y mayores y estrictas medidas de control de la caza. El Libro Rojo de la Fauna Venezolana, Bolaños et al. (2008), recomienda textualmente lo siguiente: “La existencia de operaciones de turismo dirigidas hacia la especie amerita medidas de conservación y manejo por parte de los Ministerios del Ambiente, Turismo y Ciencia y Tecnología, en consulta con las partes interesadas, ello con el fin de garantizar que la actividad sea ejercida sustentablemente. Se recomienda la inclusión de la especie en los términos de referencia de los estudios de línea base, impacto socio-ambiental, investigación, monitoreo de impactos y planes de contingencia relacionados con operaciones petroleras en la Cuenca del Orinoco. Se deben considerar esfuerzos especiales para el establecimiento de centros de rescate y rehabilitación en caso de derrames de hidrocarburos”.

El Plan de Acción de la UICN y el Subcomité de Pequeños Cetáceos de la IWC (Trujillo et al., 2010), orienta hacia las principales iniciativas de investigación y conservación recomendadas para Inia geoffrensis en la Amazonía y Orinoquía:

 

  1. Identificación de las estructuras poblacionales y sus estudios deben ser publicados tan pronto como sean obtenidos.
  2. Registrar la distribución de los sistemas fluviales con la localización de proyectos de represas propuestas, así como también grandes proyectos de desarrollo y otras intervenciones como operaciones de pesca y extracción petrolífera.
  3. Documentar tendencias de abundancia a través de soportes estadísticos.
  4. Colectar información asociada a niveles de mortalidad, asociados a diferentes técnicas de pesca.

 

 

 Bibliografía

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